Carta A Los Editores: ¿Cómo Restauramos Los Fuegos De La Revolución?

Estimado Comité Editorial:

¿Cómo restauramos los fuegos de la revolución? Cada semana continúa el ingreso de murmullos en nuestras calles, los eventos de Facebook y murales de arte que apoyan las vidas negras, pero la participación ha disminuido enormemente. Ha pasado más de un mes desde nuestra protesta más grande, cuando miles de residentes de Austin se manifestaron en la Universidad Huston-Tillotson antes de marchar hacia nuestro Capitolio y más allá. La fuerza del pueblo se hizo evidente entonces. Sus voces colectivas se pronunciaron contra la opresión policial, pero esa voz ahora es solo un eco.

Por lo que he observado en las muchas protestas a las que he asistido desde los primeros días, las protestas públicas se han vuelto claramente privadas y llenas de los sospechosos habituales. Aunque la mezcla de varios grupos establecidos, a menudo grupos de amigos, ocasionalmente trae personas nuevas, parece que se han convertido en grupos exclusivos por naturaleza. Las brasas sin mover. Las masas que han regresado al trabajo o a refugiarse en sus hogares se han vuelto obedientes a la causa. AL igual que ellos se han retirado redes de apoyo vitales en las que dependen los manifestantes que luchan contra la policía, como médicos antidisturbios, simpatizantes que traen víveres y algún miembro ocasional del Gremio de Abogados de Austin. Esto ha provocado que el número de grupos disminuya más, lo que facilita que la policía se aproveche de la pequeña multitud. Me temo que, con los arrestos recientes, incluido el de un periodista llamado Hiram, y las actitudes que he visto entre los LEOs [policías], estas pequeñas multitudes se han convertido en un juego, utilizadas como entrenamiento para que los policías novatos se sienten, miren y sonrían mientras los ‘valiente’ policías veteranos amontonan en una niña de 90 libras por sentarse en una barricada.

Las protestas contra la brutalidad policial en Austin se han convertido en un ritual demasiado predecible. Lo que llevará a que las personas sean el objetivo. Ya lo estamos viendo suceder aquí y en otros lugares de Estados Unidos.

– Un ciudadano de Austin

Saludos,

Primero, debemos distinguir entre una revolución y un levantamiento. Una revolución es un acto violento en el que una clase derroca a otra; un levantamiento de masas es una oleada de indignación, donde la gente se opone a su abuso y explotación. Los levantamientos y rebeliones de mayo encajan en la última categoría. Específicamente, deben conceptualizarse como una rebelión espontánea. Estas deben ser apoyadas y defendidas como correctas, pero no pueden, por sí solos, traer un fin seguro al sistema que los hace inevitables.

En la obra maestra de V.I. Lenin “¿Qué hacer?” asume las ideas de quienes buscan “inclinarse ante la espontaneidad” y expresa la necesidad de un partido de vanguardia de revolucionarios disciplinados y profesionales integrados en la lucha del pueblo. Estos revolucionarios ven la revolución como su propia vida, llevando las luchas del pueblo hacia la conclusión de la toma del poder. Él dirigió la Gran Revolución Socialista de Octubre, donde se probó esta teoría científica y se demostró que era correcta.

En cuanto al análisis de los Levantamientos de Mayo, nuestra valoración solo puede ser positiva. La gente en gran número han hecho que tiemble el sistema, hablando más fuerte y de una manera más combativa que en todas las rebeliones anteriores en la historia reciente. Como expresó Mao Zedong, las masas son los verdaderos héroes y el Partido Leninista debe movilizarlas. Esto hace que la principal tarea de los revolucionarios de hoy sea la reconstitución de los partidos comunistas marxista-leninista-maoísta militarizados en todos los países donde no los hay.

El imperialismo estadounidense ha entrado en una crisis profunda y cada vez más grave; no ha asegurado una salida a esto, que es el garante de futuras rebeliones de masas aún más intensas. Dentro de esta lucha los revolucionarios encuentran su propósito, desarrollar la lucha de manera organizada y profesional implementando el método correcto de liderazgo a la lucha, asegurando la capacidad de superar las limitaciones de la espontaneidad.

Mientras tanto, los revolucionarios no esperan, siguen haciendo contactos y uniéndose a las luchas populares, tanto intensas como menos intensas, para crear cuerpos estables de organizaciones con el pueblo mismo para atender sus necesidades diarias. Sin detenerse con programas de servicios, por lo que no estamos hablando de grupos de ayuda mutua sino de organizaciones de lucha. A lo largo del camino, el revolucionario debe exponer las limitaciones de las reformas y el papel del estado en asegurar y defender las ganancias de la clase dominante a expensas del pueblo.

Para comprender la importancia del levantamiento debemos examinar sus contradicciones. En primer lugar, la gran crisis económica, agravada por la pandemia, tiene millones de personas que sufren de desempleo y el virus en sí impacta con más fuerza las vidas de los trabajadores más oprimidos. Esto crea condiciones que exigen rebelión. Las cosas horribles que han estado sucediendo a diario desde la fundación de este país, como el asesinato policial de personas negras, son como chispas que encienden barriles de pólvora. Las masas, que son los verdaderos héroes de todo esto, se elevan rápidamente y como una oleada. El estado en su odio irrestricto al pueblo responde con ferocidad inhumana, y todos lo hemos visto.

En este punto, dado que las masas no son un grupo homogéneo, hay quienes tienen ideas avanzadas (partidarios de la revolución) y hay quienes tienen ideas intermedias (enojados, pero aún teniendo fe en el sistema para corregirse), así como quienes tienen ideas atrasadas (racistas y personas que insisten en que la rebelión está mal y que todo el mundo debería simplemente votar y hablar de ello); entre todos estos hay diversos grados de personas.

Esto plantea una contradicción interna en el movimiento de masas y el estado responde principalmente de dos maneras. La primera es con la violencia sancionada por el estado: vigilancia, “rondas menos letales,” gas, macanas, caballos, tanques y todo tipo de armas para aporrear y monitorear el movimiento. Estos entran en la categoría de guerra, la policía en esencia monta una guerra física contra los manifestantes para quebrar sus espíritus y obligarlos a volver a someterse. Este primer tipo muestra a la policía y al Estado por lo que realmente son, instrumentos contra el pueblo. La represión finalmente alimenta la resistencia.

El segundo tipo es mucho más tortuoso que el primero; en lugar de balas cubiertas de goma, disparan balas cubiertas de azúcar. Estos se presentan en forma de falsas promesas, dividiendo la protesta entre los manifestantes “buenos” cuyos únicos métodos son los aceptables para la clase dominante, y los manifestantes “malos,” los que se rebelan y usan métodos no aceptables para la clase dominante. El enemigo moviliza aún más a los reformistas cobardes y las organizaciones no gubernamentales (ONG) para hacer intervenciones entre la gente por la “no violencia” y dialogar (siempre excluyendo al pueblo de esto). Individuos selectos del movimiento están bajo el ala del complejo de ONG, se les dan trabajos bien pagados para convertir la rebelión en dinero y hacer que las protestas se ajusten a las sensibilidades de quienes protestan. Esta es una industria multimillonaria.

Votar es otra forma de acabar con los movimientos de masas. La ilusión de democracia y cambio sin violencia es la zanahoria que cuelga del palo, es cuando no estás persiguiendo la zanahoria que el palo se convierte en su principal herramienta. La policía usa fotografías, se arrodilla con los manifestantes y drama unas lagrimas de cocodrilo, todo mientras señala a los militantes y a cualquiera que esté enojado. Todo esto es una guerra de baja intensidad, también destinada a matar la rebelión. El oportunista desempeña el papel de los bomberos para la clase dominante, en cualquier lugar donde estalla un incendio y el pueblo se rebela, el oportunista se apresura a apagar la rebelión al servicio de sus amos.

Comprender todo esto nos ayuda a comprender que las cosas no simplemente se esfuman, al menos no debido a la apatía entre la gente. Lo que nos enseñan los levantamientos es que muchas personas desean la revolución y encuentran insoportable la vida en sus circunstancias actuales. Muchos creen que arriesgar su vida y su libertad es preferible a aceptar las condiciones que se les impone. La rebelión espontánea va y viene rápidamente. Deben utilizarse para mostrar a la gente su potencial fuera del lodo del sistema. Deben usarse para encontrar a los más avanzados y serios entre ellos, y para organizar a esas personas a largo plazo. Con cada secuencia, si los revolucionarios emplean los métodos correctos, su capacidad de combate mejora el interés de reconstituir el Partido de vanguardia del proletariado en este país.

Con tal Partido, el futuro se abre; cosas que eran imposibles se vuelven posibles. La clase tiene una dirección unificada, desarrolla su ejército y su frente único, y entonces es capaz de emprender la lucha armada y construirse a través de esta lucha armada movilizando a las masas, produciendo y combatiendo. Esta es la esperanza para la gente y es realmente su única esperanza para poner fin al sistema de brutal opresión y explotación que ha causado tanto sufrimiento en el mundo.

Entendemos que estas no son respuestas fáciles, y solo podemos expresar nuestro optimismo eterno que proviene de la fe que tenemos en la gente para rebelarse y hacer la revolución. Insistimos en que esto es posible, sabemos la tarea que tenemos entre manos: desarrollar los levantamientos de masas que son inevitables en tiempos de crisis, desarrollar revolucionarios y avanzar hacia la reconstitución del Partido.

 El Consejo Editorial, Tribune of the People