Sobre los Cretinos Electorales Parte 1: El Avakianismo Expone Aún Más Su Revisionismo Completo

Por Ed Dalton

Mientras los maoístas de todo Estados Unidos unen a la gente en torno al lema “¡Elecciones, No! ¡Revolución, Sí!” la secta de los vendidos que sigue al revisionista Bob Avakian ha elegido apoyar a Joe Biden.

Desde la década de 1980, el llamado “Partido Comunista Revolucionario” encabezado por Avakian ha utilizado el miedo y la histeria como método de reclutamiento debido al hecho de que su ideología y programa no eran ni son revolucionarios. Por defecto, consideran al enemigo estratégicamente invencible y, por lo tanto, confían en la especulación del holocausto nuclear, la tercera Guerra Mundial y varios otros escenarios apocalípticos para reunir apoyo para su menguante movimiento. Diciéndole a la gente en los años 80 que la guerra nuclear era inevitable para hacerlos sentir culpables, revivieron las mismas viejas tácticas para “rechazar” el “fascismo” de Trump. Usando esta misma lógica, han seguido el camino del viejo, decrépito y en bancarrota “CPUSA” descaradamente apoyando al Partido Demócrata y sus candidatos del establishment: los avakianistas solo ofrecen un vestuario un poco más revolucionario.

Avakian tiene un talento: la autopromoción descarada. Sus seguidores han gastado miles de dólares publicando anuncios de página completa en el New York Times, para eventos a los que prácticamente nadie asiste. Ahora que ha respaldado a Joe Biden, sus seguidores han utilizado sus contactos para promover artículos sobre su respaldo en el Washington Times, Fox News y otros medios monopolios. Por supuesto, los ardientes partidarios de Trump utilizan el respaldo de un percibido radical como causa para retratar al igualmente fascista Joe Biden como un ‘comunista’. La estrategia electoral de los avakianitas es inútil para todo menos para mancillar al maoísmo, una ideología que Avakian y sus seguidores han dejado de reivindicar oficialmente desde al menos 2015, sin embargo, los medios de comunicación de la clase dominante convenientemente lo olvidan. En realidad, Avakian y sus seguidores nunca fueron maoístas.

Según el Washington Times, “La extrema izquierda generalmente se encuentra en época de elecciones lidiando con preguntas difíciles sobre el menor de los dos males y temores de impulsar lo que ven como un Partido Demócrata corrupto. Pero eso no va a pasar este año.” concluyen,” De los maoístas a los marxistas, los izquierdistas dicen que en realidad es una elección fácil.” Esto no tiene nada que ver con la realidad, ya que los maoístas invariablemente piden el boicot de las elecciones estadounidenses.

En un correo electrónico a sus seguidores que fue publicado por Fox News, Avakian afirma: “En esta hora crítica, se deben utilizar todos los medios apropiados de acción no violenta para sacar a este régimen del poder, y si, a pesar de las protestas masivas que exigen la eliminación del régimen de Trump/Pence, este régimen permanece en el poder cuando llega el momento de votar, luego, sin depositar una confianza fundamental en esto, utilizar todos los medios apropiados para trabajar por la eliminación de este régimen debe incluir votar en contra de Trump.”

Avakian, la rata revisionista que es, ha olvidado el principio fundamental del marxismo, que la rebelión se justifica. No solo se ha tirado a las aguas residuales que son las elecciones, sino que también ha llamado a utilizar la “acción no violenta.” Las masas que hacen historia no respaldan las elecciones ni a la no violencia, como ya lo han confirmado la baja participación electoral y los Levantamientos de Mayo. Cuanto más grande es la marcha, menos votantes están presentes y las expresiones más violentas del pueblo son evidentes.

Avakian nunca ha estado en contacto con la gente y no tiene la capacidad de medir su estado de ánimo. Para los maoístas, la violencia revolucionaria es una ley inmutable de la historia y la rebelión contra la reacción siempre has sido justa. Es el rechazo de Avakian a estos principios y su falta de interés en las masas lo que lo convence de respaldar a Biden, a quien proclama abiertamente imperialista, al mismo tiempo que pide el uso de una “acción no violenta apropiada.”

Así como las fuentes de noticias del monopolio alineado con los republicanos usarán el respaldo para atacar a Biden, los monopolios de la prensa alineados con los demócratas lo usan para mancillar el maoísmo. En ambos casos se utiliza para desmoralizar a las personas en rebelión.

Colocándose a la derecha de otros revisionistas, Avakian afirma: “Para ser claros, esto no significa un ‘voto de protesta’ para algún candidato que no tiene ninguna posibilidad de ganar, sino que en realidad es un voto por el candidato del Partido Demócrata, Biden, para poder efectivamente votar en contra de Trump.”

Avakian proclama que esto es necesario porque Trump es un fascista, y en esta posición contradictoria en realidad busca convencer a la gente de que el fascismo se puede detener votando. Esta es una afirmación sin precedentes históricos. Si entretenemos la histeria de Avakian y concluimos junto con él, que Trump es, de hecho, un fascista en toda regla al mando de un régimen fascista, aún tendríamos que seguir la lógica de que el fascismo y los regímenes fascistas no permiten ser removidos con votos, ya que el fin de la democracia burguesa es una de las señas de identidad del fascismo. Su solución se evapora en aire caliente.

Trump coquetea con formas fascistas, al igual que Biden. Ambos han expresado su acuerdo por el derecho a la protesta “pacífica” y “no violenta” (al igual que Avakian) y ambos han pedido al gobierno federal que acorrale a los “extremistas” y “anarquistas” dentro del movimiento de protesta contra la policía. Por supuesto, los encargados de determinar quién es “violento” y “extremo” no son otros que la propia policía, que tiene la autoridad para dictar los términos de las protestas dirigidas contra ellos.

Objetivamente, el imperialismo estadounidense ha entrado en una crisis cada vez más profunda, la variedad exacta que produce el suelo más fértil para que florezca el fascismo. Ambos bandos dentro de la clase dominante siguen estando principalmente de acuerdo en la necesidad esencial de que su estado experimente una reacción intensificada, cuya punta de lanza apunta a los disidentes políticos que toman las calles en protesta combativa. El Partido Demócrata simplemente expresa esta reacción de manera diferente, con más cautela, pero es esencialmente lo mismo que defienden los republicanos. Los pequeños ajustes a la propaganda son suficientes para tener a Avakian como un aliado.

La Imaginación Delirante de Avakian

Además de apoyar la “acción no violenta apropiada,” Avakian comienza a exponer sus otras teorías delirantes. “Es de vital importancia continuar construyendo resistencia, ahora mismo y de una manera cada vez más poderosa, contra todos y cada uno de los movimientos represivos de Trump, incluso creando una oposición masiva a los intentos de este régimen de supresión de votantes y mediante la movilización masiva en apoyo y defensa de aquellos que son blanco de tal represión.”

La “supresión de votantes” es con mayor frecuencia una táctica utilizada por el Partido Demócrata y sus seguidores. No pueden imaginar que la razón por la que las masas en números cada vez mayores no votan no es porque se les impida votar, sino porque ven a través de las técnicas de enganche y engaño de la clase dominante y son genuinamente conscientes de que ningún candidato representa realmente sus intereses. Además, entienden que ningún candidato podría representar sus intereses, aunque lo quisieran. El estado mismo es un mecanismo de gobierno de clase, y los que están gobernados no tienen ningún interés en las elecciones.

El fascismo verdadero significaría que la “democracia” que existe entre la clase dominante se daría por terminado. Esto significa que una sección, la sección más reaccionaria y terrorista que corporatiza al país, niega a la otra sección su derecho a elegir cuál de ellas brutaliza y atormenta al pueblo durante otros cuatro años. Las afirmaciones de que esto es lo que Trump ha planeado no son en sí mismas convincentes, pero al mismo tiempo no son imposibles de imaginar.

Los revolucionarios aspiran a transformar la abstinencia electoral rampante y común que tiene la mitad del país, especialmente sus proletarios, sin votar en una posición activa, política y revolucionaria contra la farsa electoral. Esto significa convertir la abstinencia que indiscutiblemente existe en gran número en un boicot activo y revolucionario, que proclama abiertamente la lucha armada y la guerra popular como la solución al problema que es el imperialismo estadounidense y las relaciones que hace cumplir. Avakian, y casi todos los demás falsos comunistas insisten en servir para legitimar a la clase dominante al intentar convencer a quienes no votan de que tomen la decisión regresiva de comenzar a votar.

Avakian usa el doble lenguaje en un intento de estafar a la gente, “esta elección es diferente, de una manera crucialmente importante.” Continúa, “La cuestión no es si Biden y los demócratas representan algo ‘bueno,’ o si en términos fundamentales los demócratas son ‘mejores’ que los republicanos. Ambos partidos son partidos políticos de la clase dominante, y ninguno de sus candidatos representa nada ‘bueno’ en el sentido más básico y esencial. Biden no es ‘mejor’ que Trump, de ninguna manera significativa, excepto que él no es Trump y no es parte del movimiento para consolidar y hacer cumplir el gobierno fascista, con todo lo que eso significa.”

Es cierto que las únicas perspectivas electorales de Biden se basan en el hecho de que él no es Trump, si bien es idéntico a Trump en términos políticos, no es cierto que rompe con la tendencia de reacción peligrosa en un momento de severa crisis imperialista. Si vamos a admitir que Biden “no es ‘mejor’ que Trump, de una manera significativa,” entonces debemos admitir que la distinción que se ofrece aquí todavía no tiene sentido.

Entonces, ¿Cuál Es el Enfoque de los Comunistas Genuinos Para Detener el Fascismo?

Los comunistas no abandonan sus puestos de revolucionarios para apoyar a un imperialista, que representa la reacción ulterior del estado burgués, en nombre de desplazar electoralmente al otro que hace lo mismo con una retórica más vulgar. Hacerlo sería dejarse engañar por la forma y, al hacerlo, olvidar la esencia. Esencialmente, Trump y Biden representan una reacción avanzada y adicional del estado imperialista y muestran que la clase dominante de Estados Unidos no está tan dividida. El reajuste imperialista puede tener lugar sin fascismo, y la clase dominante sigue prefiriendo esto.

Dicho esto, el fascismo representa una amenaza real, porque en cualquier momento esta clase podría dividirse en sus intereses con sus elementos fascistas que buscan obtener el control total a expensas de todos los derechos democráticos necesarios para el funcionamiento normal del capitalismo. Esta amenaza podría provenir tanto de Biden como de Trump, ambos han hecho proclamaciones fascistas, ambos buscan corporatizar aún más el estado y ninguno representa la democracia para el pueblo. Ambos tienen la misión de asegurar al imperialismo estadounidense en crisis como única superpotencia hegemónica del mundo, y ambos pueden ser empujados a utilizar todos los medios, incluido el fascismo, para lograrlo. Biden, a diferencia de Trump, representa un forzamiento más claro de la colaboración de clases con su dependencia de los sindicatos controlados por la burguesía, que es tan fascista como cualquier cosa planteada por Trump. Proclamar a Biden como antifascista es ignorante.

El fascismo no se puede ser detenido en las urnas, no se puede producir por medios electorales y nombramientos. El fascismo solo se detiene con la violencia revolucionaria y la lucha de clases, dirigida por la clase trabajadora que une a todas las fuerzas progresistas y democráticas en un frente único. Avakian no habla de esto, en todas sus proclamaciones y estrategia electoral apenas menciona a la clase obrera y, en cambio, se basa en la retórica de “toda la humanidad.”

El análisis del golpe de estado fascista en Chile, dirigido por Augusto Pinochet en 1973 contra el gobierno de coalición revisionista de Salvador Allende, ofrece algunas lecciones críticas sobre estos principios. Allende, por su parte, estaba a la izquierda del revisionista “Partido Comunista” con el que trabajaba su gobierno. Sus súplicas de armar al pueblo, que llegaron demasiado tarde, fueron marginadas e impedidas por el “PC,” que insistió en mantener contentos a los demócratas cristianos.

El Partido Demócrata Cristiano había sido financiado durante mucho tiempo por la CIA al servicio del imperialismo estadounidense, y se redujo a mantener el equilibrio de la colusión y la contención entre las dos principales potencias imperialistas de la época, el social imperialista soviético y los imperialistas estadounidenses. Los soviéticos utilizaron al “PC” de Chile para buscar la connivencia con Estados Unidos en el saqueo del país y, por lo tanto, negaron a Allende cuando les pidió armas poco antes del golpe. La colaboración de clases, e incluso las elecciones de “izquierda,” no impidieron a Pinochet de ninguna manera. Esta lección es universalmente válida y es parte de lo que forma el principio maoísta de que el revisionismo y el imperialismo deben ser combatidos incansable e inseparablemente.

Los comunistas instalan y dirigen un frente único. Dentro de él, los comunistas mantienen la independencia y las fuerzas armadas bajo su único mando. Por tanto, el frente único se construye en torno al Partido y su ejército. Está compuesto por todas las fuerzas progresistas y revolucionarias, pertenecientes a todas las clases que tienen un claro interés contra el fascismo y el imperialismo que lo produce.

Los avakianistas no ofrecen una estrategia militar, ningún análisis marxista del antifascismo y ningún medio para defender al pueblo. Lo mejor es simplemente decirle a la gente que haga lo que nunca ha funcionado. Si tienen razón en su suposición de que es poco probable que Trump respete los resultados de las elecciones de todos modos, entonces ya han confesado que sus tácticas conducen a un callejón sin salida. El fascismo simplemente no se puede derrotar manteniendo las relaciones de clase imperialistas. En lugar de las conversaciones necesarias sobre cómo armar un movimiento de resistencia real, solo escuchamos enfoques conciliadores de los engañadores revisionistas del pueblo. Pedir movilizaciones masivas contra la “supresión de votantes,” “no violentas,” no es solo una pérdida de tiempo, es una pérdida de tiempo que beneficia al imperialismo y mejora las cosas para el fascismo.

La única posición revolucionaria es boicotear la farsa electoral, promover la revolución y ganar el apoyo de las masas. Esto responde a la absoluta necesidad de reconstituir el Partido Comunista que pueda liderar las luchas antifascistas, lo que inevitablemente transformará el carácter de la resistencia en una Guerra Popular. Esto, a diferencia de las campañas electorales, en realidad tiene un precedente histórico para detener el fascismo. Lo que se hizo en China contra los fascistas japoneses debe hacerse, pero no puede hacerse mediante una imitación estricta; la aplicación creativa de esas verdades a las condiciones específicas de Estados Unidos es la clave del éxito.

Como bien saben los estudiantes del antifascismo, los movimientos de resistencia liderados por los comunistas en Francia e Italia tuvieron éxito como movimientos de resistencia. Difícilmente se puede caminar por París sin observar los monumentos a los combatientes comunistas de la resistencia antifascista. Está grabado indeleblemente en la conciencia de la gente.

Donde fracasaron estos movimientos guerrilleros fue en convertir la resistencia en Guerra Popular. Los frentes unidos, en lugar de servir al proletariado a través de la guerra popular, como fue el caso en China, fueron marginados por el revisionismo de un enfoque conciliador de clases. Este fue el caso en Estados Unidos y Chile (donde los partidos estaban comprometidos con el antifascismo sin el elemento de resistencia armada), así como en Francia e Italia (donde los partidos lideraron la resistencia armada). En Italia, justo en el mismo momento en que el Partido Comunista armado tenía el mayor apoyo de las masas, la causa de la revolución fue traicionada por el PCI y ordenó a sus combatientes que entregaran las armas a la clase dominante a favor de escaños en el parlamento.

Los revolucionarios en los Estados Unidos de hoy se enfrentan a la reacción real del estado, representado por ambos partidos imperialistas. Se enfrentan a esto en las calles todas las noches con la cooperación entre las agencias de aplicación de la ley estatales y federales, que se confabulan con los reaccionarios civiles para aplastar las luchas del pueblo. Se enfrentan a un posible aumento del fascismo por parte de cualquiera de los candidatos, con Biden teniendo más apoyo de las fuerzas del orden federales y Trump con el apoyo de las milicias armadas.

Frente a las elecciones burguesas, que nunca han sido más absurdas, el movimiento por las vidas negras debe convertirse en un movimiento más amplio contra la reacción. Esto incluye contra los partidarios de Trump que están más alentados por cometer actos violentos, así como contra los partidarios de Biden que buscan liquidar el movimiento por medios menos obvios, aún confiando en un esfuerzo masivo de represión estatal. Ambas amenazas acechan al movimiento actual.

En el caso de una victoria de Trump, los alentados fascistas civiles deberán ser enfrentados, pero aún así se pondrán histéricos si Trump pierde. En el caso de una victoria de Biden, los turistas del movimiento retirarán su apoyo al movimiento de masas, ya que solo buscan asegurar votos para sus amos imperialistas. Dejarán que la gente se ocupe de las alimañas que toman las calles en nombre de Trump. Ambos escenarios requieren una mayor acción antiimperialista y mayores esfuerzos para desarrollar el boicot electoral.

Los revolucionarios tienen una mala condición subjetiva, se encuentran con una situación cada vez más revolucionaria en un desarrollo desigual. La resistencia seguirá en las condiciones actuales con levantamientos de masas más grandes, más audaces y más violentos. Todo ello debe ser utilizado para reconstituir el Partido del proletariado como Partido Maoísta militarizado, que pueda convertir los levantamientos y resistencias que viene a conducir en Guerra Popular, para la conquista del poder estatal y la defensa del socialismo.