Sobre los Cretinos Electorales Parte 2: Engaños del Partido por el Socialismo y la Liberación

Por Ed Dalton

A diferencia de los Avakianistas que examinamos en la primera parte de esta serie, el “Partido por el Socialismo y la Liberación” (PSL) finge servir a la clase obrera y carece del revisionismo transparente de “toda la humanidad” expresado por el Partido Comunista Revolucionario-EEUU. Esto no es un halago, el hecho de que hablen de la revolución de la clase obrera los hace más engañosos, más populares y más contrarrevolucionarios.

En el comunicado del PSL sobre las elecciones de 2020, proclaman: “Sabemos que las revoluciones se hacen en las calles, en las fábricas y otros lugares de trabajo, y en las unidades militares cuando los trabajadores, con y sin uniforme, toman conciencia de que el poder de los patrones capitalistas y los generales deben ser reemplazados por el poder del pueblo. Este es el mensaje que el PSL seguirá promoviendo en el ciclo electoral de 2020.” Tal proclamación es tentadora de creer para los recién familiarizados con el marxismo y por eso merece un examen.

Las revoluciones se hacen con un Partido Comunista, un ejército rojo bajo su estricto mando y un frente unido que las rodea. “Trabajadores uniformados” no sustituye al Ejército Rojo ni al Ejército Popular (en países semi feudales oprimidos por el imperialismo). Pero esta declaración expone la “estrategia militar” defectuosa del PSL, que deriva de un seguimiento dogmático del revisionista Leon Trotsky. Depende en gran medida de infiltrar al ejercito en lugar de la construcción orgánica de un ejército encargado de llevar a cabo el programa revolucionario del partido con armas. El PSL esquiva prolijamente la cuestión de la lucha armada, al tiempo que defiende su participación en la farsa electoral. Por lo menos no nos dicen que votemos por Joe Biden.

El PSL admite que su campaña, que equivale a presentar candidatos de protesta “socialistas” como Gloria La Riva en la boleta del “Partido Paz y Libertad,” es inútil y que la democracia burguesa es una farsa y, al mismo tiempo, la legitima con su participación. Afirman que, “Sin duda, el sistema electoral capitalista es una farsa. Es un sistema manipulado para asegurar el dominio de la pequeña clase dominante de banqueros de Wall Street, corporaciones y dueños de grandes negocios sobre la gran mayoría de la gente en los Estados Unidos: la clase obrera.”

Los maoístas en cambio enfrentan la farsa electoral con un boicot, negándose a participar en el mismo sistema que todos sabemos que existe para oprimir a la clase obrera. El PSL permanece bajo la ilusión, a pesar de su total fracaso con respecto a su participación en las elecciones, de que esto de alguna manera les otorga “exposición” al proletariado. Las estadísticas de votación en los EE.UU. deberían ser suficientes para disipar estas ilusiones, pero el PSL no tiene la intención de lidiar con un análisis concreto de las condiciones concretas. En cambio, operan sobre un dogma sin vida; es preferible que fracasen como siempre lo han hecho cuando se trata de elegir entre eso o intentar algo realmente revolucionario.

El porcentaje de votantes es menor para personas con bajos ingresos, que no sean blancos, y que son mas jóvenes. Más aún, de los registrados para votar, solo poco más de la mitad vota realmente. La pregunta es, lógicamente, ¿a quién intenta “exponerse” el PSL con sus estrategias electorales? Ciertamente no a los que no tienen nada que perder salvo sus cadenas. La respuesta es clara: se orientan hacia los estudiantes universitarios, los jóvenes profesionales y los estratos más cómodos y mejor pagados de la clase obrera. Estos últimos son aquellos a los que Engels y Lenin se refieren como “aristócratas obreros,” con lo que se referían a “los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero.”

En un partido así, la orientación hacia este medio está más cerca del fascismo clásico que del marxismo. El PSL insiste que la atención de los trabajadores esta puesta en las elecciones y esto deriva de su imaginación e ignora por completo el hecho de que la mayoría de los trabajadores (aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo excedente o se mueren de hambre) en realidad no votan. Entonces descubrimos una extraña contradicción: afirman participar en la farsa electoral como un lugar de lucha para llamar la atención de quienes ya no votan, y siguiendo este pensamiento atrasado, registran a sus magros seguidores para votar por sus candidatos, lo que reconocen abiertamente que no tienen interés ni posibilidad de ganar. Además, gastan mucho dinero en estas campañas. Como un gato ciego y sin cola cuya memoria lo obliga a perseguir lo que no existe, el PSL demuestra un análisis y una práctica notablemente deficientes.

Este aspaviento sirve a la clase dominante de dos maneras, la primera es que legitima algo totalmente ilegítimo: las elecciones capitalistas en los Estados Unidos. La segunda es que arrastra a los trabajadores que han alcanzado hacia atrás, acercándolos a la clase dominante mientras los alegan de su comprensión ya avanzada de que votar es inútil y no mejorará sus vidas. Esta es una forma de someter la rebelión a través de políticas sin salida que levantan los cadáveres de partidos burgueses como el de PSL. Su nivel de reclutamiento activo se alimenta de individuos jóvenes y bien intencionados que tienen un deseo genuino de transformación mediante la destrucción de la vieja sociedad y la construcción de una nueva. Para llegar a estos reclutas, a quienes asfixiarán con sus pobres líneas políticas, saltan como vagabundos de protesta en protesta y no se esfuerzan en la construcción de organizaciones estables con las que la clase realmente haga la revolución.

La respuesta del PSL a preguntas como esta, ‘¿que pasa con los que no votan?’ es esto: “Los que no participan directamente se ven obligados a escuchar con atención, porque los medios corporativos se centran en las elecciones meses, e incluso años, antes de que tomen lugar. Este año no es la excepción.”

Esta posición expone su seguimiento de la clase dominante. La participación en las elecciones no le garantiza tiempo aire corporativo, ni atrae a los espectadores de la farsa. Los boicots electorales, sin embargo, sí lo hacen. Las personas que no votan y son bombardeadas y reprendidas por la incesante insistencia de la política burguesa tienen muchas más probabilidades de negarse a votar que de prestar atención y votar por el PSL. Los cretinos electorales no se dan cuenta de esto. Su propaganda es para convencerse a sí mismos, como animadores del fracaso, que tienen que mentalizarse para seguir caminando contra la pared, imaginando que su estupidez eventualmente derribará la pared.

El PSL se asegura a sí mismo: “La participación del PSL en las elecciones le ha dado a los trabajadores, estudiantes y personas oprimidas la oportunidad de votar y trabajar con candidatos de un partido que ya está luchando por sus intereses.” ¿Qué valor tiene la “oportunidad de votar” cuando todos saben que es un voto gastado? Aire caliente es lo que es. Si el PSL estuviera luchando por los intereses de los trabajadores y no saltando como pulgas de causa en causa, seguramente no necesitarían un gesto tan simbólico de que sus propios partidarios emitieran votos inútiles por ellos. La esencia de su maniobra es una persona que se da palmadas en la espalda por ir a algunas protestas y repartir pancartas a personas que no forman parte de su grupo irrelevante.

Los revolucionarios ven a través de la auto felicitación por parte del PSL e insisten en boicotear las elecciones. No votar es la idea más popular de las masas, y los revolucionarios toman esta idea, la politizan aún más con la exigencia de una revolución armada y la devuelven al pueblo en forma de boicot electoral. En lugar de que las ideas sean producidas y impartidas por una minoría de personas hacia el pueblo, las ideas son tomadas del pueblo. Este es el método revolucionario de liderazgo utilizado por los comunistas llamado línea de masas.

Consistente con falta de discutir el hecho de que el poder político nace del fusil, lo que significa que el socialismo se conquista y se defiende a través de la guerra popular, el PSL usa la campaña electoral hueca para evitar la cuestión por completo. “La campaña del PSL ha abierto una vía muy necesaria para que los trabajadores libren un combate político contra el establecimiento capitalista y sus representantes corruptos.” Incluso llegan a afirmar que votar es un “combate político” y dicen que “un voto por el PSL es un voto por el socialismo y la liberación, y contra la guerra capitalista, el racismo, la intolerancia y la explotación.”

No se puede votar por el socialismo real, el gobierno absoluto de los trabajadores para reprimir a la clase dominante no se puede lograr mediante elecciones. A pesar de un desempeño tan miserable, el PSL sigue sugiriendo que puede, en un esfuerzo oportunista, vender las elecciones y al mismo tiempo admitir que no pueden producir cambios.

En todos los casos en que los revisionistas han intentado aplicar sus políticas ‘socialistas’ sin la amplia participación de las masas armadas, han sido derrocados por personas en sus propios ejércitos y gobiernos (Tomás Sankara, Salvador Allende, etc.), o han sido funcionarios burocráticos que corporatizaron el estado sin cambiar las relaciones generales de producción (Hugo Chávez/Nicolás Maduro, Fidel Castro, etc.). El PSL tiene una larga historia de considera que el “socialismo” encabeza un estado capitalista burocrático y vende tierras.

Su estrategia militar defectuosa, que solo insinúan, se basa en la idea extremadamente errónea de que pueden contar con el ejército imperialista para desarrollar grandes sectores que apoyen la revolución socialista. Creen que debido a que esto sucedió en la Revolución Rusa, es cierto en todas partes, ignorando el hecho de que el ejército zarista estaba compuesto principalmente por campesinos que fueron reclutados y el ejército imperialista estadounidense no opera de la misma manera. Las prácticas de reclutamiento depredadoras significan que, en el caso de una guerra revolucionaria, algunos soldados estadounidenses desertarían, pero esto no alcanzaría ni podría alcanzar la escala de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia. Dejando en claro que Mao Zedong tenía toda la razón cuando insistió en que “sin un ejército popular, nada tendrá el pueblo.”

El boicot de la farsa electoral llega a los desilusionados con las elecciones, convirtiendo su desdén y abstinencia en un boicot activo insistiendo en la organización revolucionaria para conquistar el poder. Llega a los que todavía están perdidos en el pantano del voto, ofreciéndoles una salida: el activismo que opera fuera del sistema burgués. Cualquier otra cosa simplemente atrae a la gente hacia el pantano o cede al pueblo al enemigo con su negligencia.