Moratoria de Desalojos y su Significado para la Lucha por la Vivienda

Por David Martinez

Desde el comienzo de la Nueva Depresión, exacerbada por la pandemia de COVID-19, muchos caseros en los EE.UU. han dejado de cobrar renta y han detenido el desalojo de personas de sus hogares. Esto sería inconcebible en tiempos “normales” bajo nuestra sociedad capitalista, que amenaza a las personas con desalojo a la primera señal de falta de renta. Ahora, con la aprobación de una prohibición federal de desalojos que afecta a todas las propiedades de alquiler, la clase dominante imperialista muestra cuánto teme la resistencia inevitable a los desalojos masivos que vendrán cuando los terratenientes y la economía capitalista no puedan postergar más la recolección. 

El imperialismo está dispuesto a recibir este golpe temporal únicamente porque tiene a su disposición las superganancias que ha obtenido a través de la explotación de las naciones oprimidas. Los imperialistas estadounidenses están desviando estas superganancias en manos de los terratenientes, que son principalmente parte de la pequeña burguesía y pueden ser comprados, pero los imperialistas no mantendrán este arreglo indefinidamente y eventualmente permitirán que se reanuden los desalojos.

En realidad, la crisis en sí no ha detenido la recaudación de alquileres o los desalojos en los EE.UU., solo lo ha frenado. Ya sea legal o ilegalmente, muchos propietarios han desalojado a personas o las han amenazado con el desalojo por no pagar renta. Pero la mayoría de los estados y municipios aceptaron la realidad a raíz de la crisis imperialista de que los despidos masivos y la menor capacidad de gasto significaban que literalmente no había dinero para pagar renta y formalizaron el impago masivo de alquileres en políticas de moratoria de desalojos. El estado apuesta a que pueden posponer la indignación masiva ante los inevitables desalojos generalizados.

Hasta septiembre, se realizaron moratorias de desalojo a nivel estatal y municipal, junto con una moratoria federal de desalojos a nivel nacional en todas las propiedades con hipotecas respaldadas por el gobierno federal, conocida como la ley CARES, que expiró en julio. La ley CARES cubrió alrededor de 12.3 millones de propiedades, lo que representa solo alrededor de un tercio de los inquilinos estadounidenses. A medida que la combinación de prohibiciones de desalojo expiró a fines del verano, las solicitudes de desalojo casi han vuelto a sus niveles normales y las historias de desalojos brutales de trabajadores y sus familias han continuado. Incluso con las prohibiciones de desalojos vigente, muchos trabajadores quedan confundidos y abrumados por una burocracia que solo atiende a los propietarios, y sienten que no tienen más remedio que irse incluso cuando pueden tener la capacidad legal de quedarse.

Más recientemente, a principios de septiembre, la administración Trump, a través del Centro para el Control de Enfermedades (CDC), anunció una prohibición total de los desalojos en todas las propiedades de alquiler en todo el país, citando esto como una necesidad de salud, según el ámbito de los CDC para combatir los brotes de enfermedades. Esta nueva orden, en teoría, protege a alrededor de 40 millones de inquilinos en todo el país y se extendería hasta fin de año, hasta el 31 de diciembre de 2020. Se ordena a los caseros que no lleven a cabo desalojos, pero aún tienen los medios para desalojar por presunta actividad delictiva, violaciones del contrato de arrendamiento (que no sea el impago o el pago atrasado de renta) y otros vacíos legales.

La prohibición federal de los desalojos es una medida drástica, pero como con todos los gestos de la clase dominante, es inadecuada, falsa y solo muestra su miedo a la organización masiva y la rebelión. Como ocurre con cualquiera de las moratorias, no es más que una bomba a punto de explotar, y los revolucionarios y organizadores progresistas deberían aprovechar este tiempo para preparar y organizar a la gente contra los inevitables desalojos y la violencia reaccionaria estatal. Los desalojos dejarán a los trabajadores y personas vulnerables huyendo a las casas de familiares o amigos, o a las calles. Esto diezmará los barrios de la clase obrera, debilitará los lazos comunitarios y desestabilizará aún más a los trabajadores que soportan la peor parte de la crisis económica y sanitaria.

Las moratorias son nada mas que falsas promesas. Ninguna de las pólizas ha cancelado el alquiler por completo y las deudas continúan acumulándose. Los propietarios aún pueden agregar cargos por pagos atrasados ​​y cobrar renta entera después de la expiración de la prohibición.

La nueva orden federal, en particular, se basa en controlar a los inquilinos con camisas de fuerza legales. Requiere que todos los inquilinos firmen una declaración legal en la que reconozcan que “mi proveedor de vivienda puede exigir el pago total de todos los pagos que no se hayan realizado antes y durante la suspensión temporal y la falta de pago puede hacerme sujeto a desalojo de conformidad con las leyes estatales y locales,” acordando por tanto devolver todas las deudas acumuladas. Los inquilinos también deben estar de acuerdo en pagar lo que “razonablemente puedan” durante el tiempo de la prohibición de desalojo, y si no lo intentan, esto también anula el acuerdo. Esto hace que la orden sea aún más insidiosa y pone a los trabajadores y a los pobres en una posición imposible, obligándolos a aceptar devolver el dinero que no tienen.

Si los inquilinos se niegan a firmar este absurdo acuerdo, no recibirán protección de la orden y los propietarios no están obligados a observar la prohibición de desalojo. Es una maniobra burocrática para dar cobertura a los propietarios cuando presionan un desalojo.

Los propietarios se han quejado de que el programa no resuelve el problema de obtener su parte del salario de los trabajadores en forma de renta. En respuesta, muchas ciudades y estados han instituido los llamados programas de “Alivio de Renta” que en realidades “alivio para los propietarios,” que destinan millones de dólares directamente a sus bolsillos mientras las familias trabajadoras luchan. En Pittsburgh, de los 5,000 solicitantes a el programa local, solo 33 recibieron ayuda. El “alivio de renta” no resuelve la falta de ingresos de los trabajadores, que seguirán endeudados y se esforzarán por obtener recursos para alimentarse y mantenerse, ya sea que el propietario obtenga un auxilio financiero o no.

Los Levantamientos de Mayo demostraron que la gente está preparada y lista para rebelarse, hirviendo a fuego lento en las degradaciones de la crisis económica que amenaza todos los aspectos de sus vidas, y la pandemia del coronavirus que ha ejercido aún más presión sobre la sociedad imperialista en decadencia. Durante estos tiempos, cada golpe contra la gente, ya sea de la policía o de los terratenientes, tiene el potencial de provocar su rebelión.

No se puede esperar a que se produzcan desalojos masivos para organizarse en contra. Los trabajadores y revolucionarios deben comprender que su fuerza está en su número y en su voluntad de luchar. Los inquilinos deben unirse con otros inquilinos, guiados por ideas y estrategias revolucionarias, y organizarse mejor para poder resistir los desalojos, que deben verse como peleas de batalla con los ejecutores de la clase dominante.

Ya sea durante una depresión económica, una pandemia o ninguna de las dos, los capitalistas se ven obligados a extraer todo lo que puedan de la clase trabajadora, pagándoles menos del valor de lo que producen y robando más cada mes cuando llega el momento de cobrar renta. La defensa de la vivienda de los trabajadores es un terreno fértil para incorporarnos a la lucha y elevar la conciencia política y la capacidad de lucha del pueblo. La crisis económica tiene a la clase dominante haciendo concesiones como la moratoria de desalojos para evitar el descontento y los levantamientos, pero este respiro temporal no puede usarse como una excusa para dejarse llevar por la complacencia y no estar preparados cuando la policía golpee las puertas de los trabajadores e intente arrojar a la gente a las calles. Cuando intenten cobrar renta y sacar a la gente de sus hogares, ¡debemos luchar y desafiar cada intento!

¡Organizar la defensa de los hogares de trabajadores y sus vecinos de las amenazas de desalojo!

¡Se aprende a luchar contra los desalojos, luchando!