Brasil: LCP denuncia ataque criminal contra el campamento Osmir Venuto (Pará)

Foto: Entrada al Campo Osmir Venuto, en Eldorado dos Carajás en el Estado de Pará. Crédito: Resistencia Campesina.

La siguiente es una traducción no oficial de una declaración producida por la Comisión Nacional de la Liga de Campesinos Pobres (LCP).

Reproducimos a continuación una nota de la Comisión Nacional de la Liga de Campesinos Pobres (LCP) donde se denuncia el ataque criminal promovido contra el Campamento Osmir Venuto, en Pará.

El ataque al Campo Osmir Venuto es un crimen premeditado, anunciado y encubierto por la dictadura genocida de los generales y del Bolsonaro.

Alrededor de la medianoche del lunes, 14 de diciembre, hombres fuertemente armados atacaron e incendiaron varias chozas en el campamento Osmir Venuto, ubicado en Eldorado dos Carajás, en el sur de Pará.

Llegaron disparando, con docenas de campesinos corriendo hacia el bosque, incluyendo compañeros ancianos, niños y hasta un compañero discapacitado.

Cobardes, sabían que no encontrarían muchos campesinos en la zona. Decenas de familias ya estaban luchando en otras tomas de tierras en la región, como consecuencia de la indulgencia criminal y la prevaricación de las “autoridades” “INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma agraria), ITERPA (Instituto de Tierras de Pará), tribunales federales y estatales” que durante años y años envolvieron a las familias, desaparecieron con mapas, prometieron y “no prometieron” inspecciones. Incluso los abogados de los campesinos, habiendo logrado demostrar (en este interminable proceso de enrollamiento, verdadera tortura por gotero) que alrededor de la mitad de las tierras del “Complexo Surubim”, formado por varias fincas, fueron robados y encadenados por el terrateniente Amilcar Farid Yamim.

Aún más cobarde porque comenzaron sus ataques contra los compañeros que se resistían y no aceptaban las migajas que les ofrecían los administradores y emisarios del terrateniente para salir del campo, que por cierto estaba en tierras del DNIT, al lado del camino.

Y aún más vergonzoso es este crimen contra los campesinos brasileños porque el ataque se realizó en medio de la pandemia COVID-19, que ya ha matado a casi 200.000 brasileños, menos por el virus en sí y mucho más por las terribles condiciones de vida y salud de la gran mayoría de nuestra sufrida población. Pandemia en la que los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres.

 ¡Vale la pena recordar: en Pará, y particularmente en esta región, el fraude de los grillos [Esta frase se refiere a un tipo de fraude en el que las personas colocan documentos como títulos de propiedad, obtenidos en oficinas especializadas en falsificación, en un cajón o caja llena de grillos, que liberan una sustancia que vuelve el papel amarillo, pareciendo papel viejo] es tan flagrante que en los registros de propiedades inmobiliarias hay áreas falsamente documentadas que, sumadas, superan cuatro veces el área del Estado. ¡Como si el Estado de Pará tuviera cuatro pisos!

Y la denunciar de este ataque criminal es una tarea de todos los demócratas en cada rincón del país. En Pará, los campesinos no tienen dónde presentar sus quejas.

La DECA, la Comisaría Especializada en Conflictos Agrarios, fue la fuerza policial que llevó a cabo la Masacre de Pau D’arco, asesinando a diez campesinos dentro de la Fazenda Santa Lúcia (el área estaba siendo comprada por el INCRA. Se llegó a un punto muerto a causa de los 500.000 reales porque el INCRA ofreció 21.000.000 de reales y la “viuda del dueño) y sus astutos abogados querían 21.500.000 de reales – más de 4 millones de dólares estadounidenses).

En Marabá, en 2007 y 2008, un defensor público que escuchó a los campesinos y probó la tortura en la operación de guerra llevada a cabo por el gobierno de Lula y la gobernadora Ana Júlia Carepa (del Partido de los Trabajadores) (la mayor llevada a cabo contra campesinos que luchaban por la tierra desde los tiempos de la Guerrilla Araguaia) contra las más de 600 familias que tomaron el latifundio esclavista conocido como “Forkilha”. Bueno, la esposa de este defensor público se acababa de dar a luz. Recibieron un ataúd en miniatura en su casa. Intimidado, pidió un traslado a Belém.

Esta es una de las regiones más disputadas del país. Donde actuó el sanguinario criminal de guerra Mayor Curió. Es la cuna del grupo paramilitar, el brazo armado del latifundio, conocido como UDR [Asociación Democrática de Ruralistas], que nunca fue desmantelado por Itamar, FHC [Cardoso], Lula, Dilma y Temer, y que ahora tiene a su jefe Nabhan García, miliciano y asesino, al mando de la Secretaría de Asuntos de la Tierra de Bolsonaro. Donde Vale, JBS, el hijo de Lula, y ahora los agricultores de soja, se disputan el botín de las riquísimas tierras robadas a la Unión y masacran a los campesinos.

¡Los campesinos, decimos, nunca dejarán de luchar! Con toda esta represión, con la masacre de Eldorado dos Carajás, con la masacre de Pau D’arco, con la operación de guerra de Forkilha, con el asesinato de decenas de campesinos, religiosos y abogados, como el querido Gabriel Pimenta en 1982, aquí y allá, hasta que se acabe tanto robo de tierras, tanta explotación y tanta injusticia, la lucha por la tierra de los campesinos, los indígenas y los quilombolas, y afectados por la minería y las represas, brotará y surgirá con más fuerza.

¡Los cobardes y asesinos pagarán por sus crímenes! ¡Todo apoyo a los campesinos del Campo Osmir Venuto!

¡Tierra para quienes la trabajan y viven en ella!

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