Carta a los editores: ¿Cómo enfrentamos las teorías conspirativas?

Foto: Jeff Kowalsky/AFP vía Getty Images

Estimado Consejo Editorial de Tribune of the People,

A menudo he luchado con otras personas de la clase obrera en torno a las teorías conspirativas. Tras la gran crisis de salud pública que se está produciendo en EE.UU., he oído con frecuencia las teorías conspirativas como la idea de que “COVID-19 se fabricó en un laboratorio chino,” o que “el gobierno está poniendo chips en las vacunas de COVID-19 con el fin de vigilarnos,” o que “COVID-19 es una mentira, y en realidad es sólo la gripe.”  La lista continúa. Hay ciertamente núcleos de verdad en que el gobierno tiene un interés creado en vigilar a las masas para reducir y eliminar la lucha de clases. Sin duda existe la verdad de que el imperialismo estadounidense ha utilizado y sigue utilizando en la actualidad enfermedades y fármacos como armas biológicas en el tercer mundo y en Estados Unidos para llevar a cabo un genocidio contra el pueblo. Pero a menudo estas teorías conspirativas tienen un análisis limitado. ¿Cómo luchar contra estas ideas de una manera que no avergüence y reprenda a las masas como hacen los revisionistas, pero que tampoco acepte acríticamente las ideas falsas y pseudocientíficas?

Saludos,

En los últimos años, las teorías de la conspiración han florecido, en gran parte debido a su prevalencia en el Internet, especialmente en las redes sociales. Aunque estas teorías de la conspiración no afectan únicamente a nuestra clase, su efecto puede ser perjudicial a corto plazo para forjar la unidad y la conciencia de clase.

En estos casos, siempre es importante dividir en dos, para separar lo positivo de lo negativo y la verdad de la mentira. Como señalaste en tu correo, algunos miembros de la clase obrera son particularmente susceptibles a estas ideas incorrectas, pero también incluyen núcleos de verdad. Entre ellos está el hecho de que los que están en el poder trabajan de manera activa contra los intereses del pueblo, de la clase obrera en particular, así como el hecho de que los medios de comunicación monopolistas son propiedad de la clase dominante y están a su servicio. Estas cosas son absolutamente ciertas, pero el problema surge cuando el razonamiento defectuoso, ya sea intencional o no, se aleja nuestro entendimiento de las causas principales de nuestros problemas.

Hay trabajadores y otros amigos del pueblo que se dejan seducir por el reino de las teorías conspirativas, pero que siguen dispuestos a luchar por sus reivindicaciones cotidianas, ya sea por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, para mejorar sus condiciones de vivienda, contra la violencia de la policía, etc. Ahí es donde hay que centrar nuestros esfuerzos, y no tratar de luchar contra sus ideas incorrectas desde el principio. Sólo ganando su confianza, a través de luchar fuertemente junto con el pueblo, encontrarás a alguien dispuesto a escucharte cuando le expliques que tiene una comprensión incorrecta del origen de la opresión y la miseria en el mundo, que no proviene de oscuras fuerzas sobrenaturales, sino de la muy real explotación y opresión de la sociedad capitalista inherente a sus relaciones económicas y sociales.

Mao subraya que el 90% del pueblo es bueno, y estableció la línea de masas que nos enseña cómo unir al pueblo en interés de la revolución, especialmente cuando sus ideas están influenciadas por la ideología burguesa. La línea de masas enseña que podemos dividir al pueblo en tres grupos: los avanzados, los intermedios y los atrasados. Los avanzados pueden sufrir de algunas ideas atrasadas, pero por lo general entienden que son los capitalistas de la clase dominante los que causan sus problemas y estos mismos imperialistas los que dominan el globo y crean miseria y pobreza para la mayoría de los pueblos del mundo. Los intermedios suelen tener puntos de vista contradictorios; por ejemplo, no les gusten la policía, pero creen que un político adecuado puede reformarla, o incluso pueden estar influenciados por estas teorías de la conspiración. Los atrasados constituyen el resto de la gente: muestran tendencias reaccionarias, aunque algunos pueden ser recuperados eventualmente mientras que los otros están totalmente comprometidos con la reacción. La línea de masas es una herramienta poderosa porque toma las luchas y las ideas de los avanzados, las consolida y las convierte en revolucionarias; a su vez, pueden ganar a los intermedios y a los atrasados a los que se puede llegar, mientras aíslan a los reaccionarios profundamente comprometidos.

Las teorías de la conspiración son insidiosas porque toman las inclinaciones y respuestas naturales de la gente a la miseria que crea la sociedad capitalista y las desvían de su verdadera fuente. Trafican con las preocupaciones genuinas de las masas y utilizan todo lo que no sea el capitalismo y el imperialismo como chivo expiatorio de sus males, ocultando así las verdaderas maquinaciones de la clase dominante y el papel de la explotación y la acumulación de capital, así como las leyes básicas del capitalismo, en estos problemas.

Además de engañar a la gente para que culpe a cualquier cosa, aparte de las personas y las fuerzas que son en la realidad los responsables de sus problemas, las teorías conspirativas también actúan como una cobertura útil para la clase dominante. Al señalar teorías absurdas sobre microchips, pandemias planificadas, extraterrestres, cábalas satánicas secretas, etc., les resulta más fácil desacreditar la legítima desconfianza en los medios de comunicación monopolistas y la disidencia política. Disipar estos mitos tiene el efecto deseado de reforzar el apoyo y la confianza en el Estado estadounidense como funcionarios honestos y sin intereses nefastos.

Uno de los principales puntos débiles de estas teorías de la conspiración es que no se basan en ningún tipo de hecho científico objetivo, ni siquiera en una filosofía coherente. Son eclécticas por naturaleza y se basan en una miríada de falacias lógicas y prejuicios psicológicos e ignorancia para dar la apariencia de verdad y conseguir apoyo.

Muchas de las teorías conspirativas relacionadas con la salud, ya sea en torno a la pandemia del COVID-19, las vacunas o los organismos genéticamente modificados en forma de alimentos, se basan en gran medida en la pseudociencia. Estas son promovidas en gran medida por vendedores de aceite de serpiente que a menudo tienen productos de salud “alternativos” para pregonar o están vendiendo un cierto tipo de “estilo de vida” en general. Hay quienes que señalan estas cosas como formas de control mental del gobierno o de debilitamiento físico de la gente en general.

Este último grupo de teóricos de la conspiración tiende a ser sumamente ecléctico y es probable que acepte una amplia gama de ideas contradictorias como una forma de lanzar la mayor red posible y construir una base de apoyo para sí mismos como personalidades de los medios sociales, para sus blogs en línea, programas de radio, etc. Estas personas buscan siempre la moda más reciente y pueden pasar con rapidez de las teorías del asesinato de JFK a los chemtrails, y de los tiroteos masivos de falsa bandera al fenómeno QAnon, y, más recientemente, a COVID-19. La personalidad más notable de este tipo es Alex Jones de InfoWars, y al final del día todo se trata de construir una marca personal para beneficiarse con el tiempo.

Para que quede bien claro, las operaciones psicológicas sí son llevadas a cabo por el Estado, sus agencias de inteligencia y los militares -hay conspiraciones muy reales en el crimen organizado, las corporaciones y, sí, el gobierno estadounidense, pero debido a su secretismo, resultan difíciles de descubrir. Sin embargo, solamente un análisis de las leyes fundamentales del capitalismo y el imperialismo puede abrir una ventana a las acciones de la clase dominante y darnos una base para entender sus motivaciones, porque mientras algunos aspectos están ocultos, muchos otros están a la vista: podemos ver claramente cómo la clase dominante explota la mano de obra de los trabajadores, cómo los imperialistas dominan a las naciones oprimidas con el fin de cosechar superbeneficios, cómo los grandes intereses corporativos poseen a los políticos, y el papel de los militares y la policía en la represión del pueblo y el mantenimiento del sistema actual intacto.

Sólo aplicando el marxismo, uniéndonos a la clase obrera y asumiendo la lucha de clases podemos esperar en verdad superar la niebla de ideas que la clase dominante vende para tratar de impedir que organicemos nuestras fuerzas para la revolución. El marxismo-leninismo-maoísmo nos da las herramientas que necesitamos para navegar en esta lucha. Es científico y es una doctrina para la liberación del proletariado. Las tres partes que componen el maoísmo, la filosofía del materialismo dialéctico, la economía política y el socialismo científico, forman en conjunto un análisis de las leyes que rigen la sociedad y el mundo natural basado en la realidad objetiva, sin conjeturas ni confirmación de nuestras ideas y creencias preconcebidas.

Precisamente por eso es necesario plantear un verdadero análisis marxista del mundo y de las noticias para hablar a la clase obrera y contrarrestar la forma en que se ven tentados por las teorías de la conspiración, rechazando los medios de comunicación monopolistas, que sólo sirven para reforzar este sistema, y llamando al cambio revolucionario. Por eso es necesario tener un periódico revolucionario, que sea una alternativa a las noticias de la clase dominante, y por eso es tan importante poner estas noticias directamente en manos de la clase obrera a través de la agitación, la distribución en las calles y en los lugares de trabajo, y en los levantamientos de masas contra el estado imperialista reaccionario.

Pero no basta con presentar las ideas, sino que hay que aplicarlas en el crisol de la lucha de clases, que es el único medio de quemar las ilusiones que se le imponen al pueblo, y de ganarse su confianza cuando vea que quienes le alimentan con mentiras se esconden detrás de sus pantallas y micrófonos, mientras que los marxistas están en la calle, hombro a hombro, luchando con el pueblo.

-Consejo Editorial de Tribune of the People