Elogios de Biden a la “diplomacia” en Israel encubren al imperialismo estadounidense

Por el Consejo Editorial

El jueves, tanto el gobierno israelí como Hamas anunciaron un acuerdo bilateral de alto el fuego después de once días de intenso bombardeo aéreo de la Franja de Gaza. Aunque Biden ha apoyado de manera abierta la brutal ola de violencia indiscriminada cometida por las fuerzas israelíes, prometiendo reponer su suministro de armas y elevando la línea cansada del derecho de Israel a “defenderse”, también ha tratado de presentarse como una fuerza líder en el “desescalada” del conflicto.

El apoyo inquebrantable de Biden a la represión israelí no es nada nuevo para el imperialismo estadounidense: Trump hizo lo mismo mientras estaba en el cargo, y Biden sirvió como vicepresidente bajo Obama mientras Estados Unidos apoyaba a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) durante la guerra de 2014 en Gaza, en la que más murieron de 2.300 palestinos. De hecho, el Secretario de Estado Tony Blinken, quien sirvió bajo Obama como asesor adjunto de seguridad nacional, habló en un foro del Comité Judío Estadounidense, en el que afirmó que los Demócratas eran el partido que más apoyaba al Estado israelí. Citó un incidente en 2014 donde Israel estaba pidiendo más armas y la única respuesta de la administración fue “hacerlo”.

A pesar de que Biden ha pedido una “desescalada” dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que Estados Unidos desempeña el papel principal, el imperialismo estadounidense vetó dos veces una declaración conjunta que pedía un alto el fuego entre Israel y Palestina. Las Naciones Unidas pueden afirmar ser una organización “democrática”, pero las mayores potencias imperialistas como Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido desempeñan un papel de liderazgo en la decisión de lo que realmente sucede, desplegando el poder de veto a voluntad.

Israel no es solo una cuestión moral para Estados Unidos, sino un recurso importante para el imperialismo estadounidense como aliado incondicional en el Oriente Medio. La administración de Biden, al igual que sus predecesoras, se ve obligada a apoyar el colonialismo israelí en Palestina como un imperativo económico, que fortalece la cuota de mercado del imperialismo estadounidense y garantiza el acceso a las materias primas en la región, especialmente el petróleo.

Aunque algunos de los llamados demócratas “progresistas” han hecho un espectáculo de condenar el violento ataque de Israel, siguen apuntalando al mismo Estado imperialista que hace el ataque posible. Usan palabras como “desproporcionado” para condenar el asalto, lo que implica que el problema no radica en el colonialismo de Israel y la violencia diaria contra el pueblo palestino, sino solo en la forma en que lo hacen. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez incluso se esforzaron tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, respectivamente, para ‘bloquear’ una venta de armas a Israel por 735 millones de dólares, en lo que los medios monopolistas llamaron una acción en gran parte “simbólica”, ya que la fecha límite para actuar para oponerse al acuerdo ya había pasado.

Los socialdemócratas como los Socialistas Democráticos de América (DSA) han emitido condenas huecas del asalto a Gaza; sin embargo, su principal prioridad ha seguido siendo hacer campaña en las elecciones estadounidenses y canalizar la energía rebelde del pueblo hacia el decrépito sistema del imperialismo estadounidense con el pretexto de ‘cambiar el sistema desde adentro’. Independientemente de los pronunciamientos públicos, la realidad es que el imperialismo estadounidense ha apoyado al estado de Israel desde su creación, y esto no se detendrá, sin importar quién ocupe la presidencia, hasta que Israel se convierta en una desventaja para la clase dominante.

Los medios de comunicación llamados “progresistas”, así como los demócratas y la DSA, se han centrado en el victimismo del pueblo palestino. Si bien no hay absolutamente ninguna duda de que los palestinos están sometidos a la opresión y la violencia diarias a manos de las FDI y los imperialistas estadounidenses que los respaldan, descuidan la resistencia heroica de las masas en todos los territorios israelíes, así como en Cisjordania y especialmente grupos como Hamas y la Yihad Islámica Palestina en la Franja de Gaza.

No podemos ignorar las acciones viciosas y sanguinarias del Estado israelí, pero tampoco podemos pasar por alto a aquellos que se han negado a retroceder y han devuelto el fuego contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. Mientras que algunos pueden afirmar que la lucha es imposible de ganar, debemos recordar a todos nuestros lectores la retirada de Estados Unidos en Afganistán frente a un movimiento insurgente resistente liderado por los talibanes, así como las conversaciones de paz estancadas en Yemen, ya que los Hutíes continúan siendo un formidable adversario contra la coalición estadounidense-saudí. El imperialismo estadounidense es un tigre de papel, un villano que parece fuerte pero en realidad es débil a medida que continúa decayendo, día a día, y depende de la creciente represión y explotación para mantenerse a flote, negociando con el enemigo cuando es incapaz de confiar sólo en la fuerza.

Pese a la prisa de los políticos y los medios de comunicación monopolistas por condenar la violencia “en ambos lados”, equiparando la resistencia palestina y la liberación nacional con el colonialismo israelí sirve para ocultar la influencia del imperialismo estadounidense como fuerza motriz de estas contradicciones.  Los llamamientos a la “paz” frente a los desplazamientos violentos y la ocupación sólo contribuyen a reforzar el miserable orden actual, que deja al pueblo palestino en un estado constante de intentar sobrevivir en sus condiciones de opresión.

Ambos Estados, el israelí y el estadounidense, afirman que los ataques de las FDI son operaciones “selectivas” contra militantes; sin embargo, las estadísticas desmienten rotundamente estas afirmaciones. Tanto en 2014 como en este conflicto actual, casi una cuarta parte de los muertos por los ataques israelíes han sido niños, lo que demuestra una vez más que el asalto a los palestinos es de hecho indiscriminado y genocida, destinado a romper la resistencia del pueblo palestino en su conjunto, mientras que las FDI afirman que sólo están atacando a los combatientes en una operación militar.

El imperialismo estadounidense tiene un gran interés en mantener al reaccionario Estado israelí, especialmente a sus fuerzas armadas; apuntalado con miles de millones de dólares de ayuda. Utiliza la narrativa falsa de “judíos contra musulmanes” como una forma de ocultar las implicaciones nacionales e internacionales de este conflicto y oscurecer su propio papel como única superpotencia hegemónica en el mundo actual. Es preferible que el imperialismo estadounidense “mantenga la paz”, por así decirlo, como método para contener la indignación internacional y salvar la cara como principal proponente del colonialismo israelí.

Al final de cuentas, ninguna falsa “paz” o “solución de dos Estados” puede resolver el problema de la opresión nacional palestina. Sólo con la voluntad del pueblo palestino, su feroz resistencia y su uso de la violencia revolucionaria, podrá derrotar al colonialismo sionista y a sus patrocinadores imperialistas estadounidenses.